Morir más de una vez, de Álvaro Uribe
Category : Reseñas
Scherezada relata cuentos y retrasa el final para no morir. En “Un milagro secreto”, de Borges, el instante en que el pelotón fusila a un hombre, el tiempo se detiene y el futuro muerto puede terminar de escribir su obra magna. En Morir más de una vez, de Álvaro Uribe, ocurren las dos cosas o quizá ninguna: tres amigos viajan en auto por una carretera de Francia. De pronto uno de ellos se sienta al volante y empieza a acelerar sin medir las consecuencias. Todo va bien (la emoción, la adrenalina) hasta que al salir de un columpio de la carretera se atraviesa un tractor, chocan con él y mueren. O tal vez no. Entonces ‘Manuel Artigas’, quien es ‘Yo’, pero también es un autor que ha escrito algunos libros bajo el seudónimo de ‘Álvaro Uribe’, comienza a relatarnos que pasó con esos tres amigos en Francia, de no haber ocurrido el accidente automovilístico, antes de que él regresara a México y le detectaran cáncer y lo operaran (exitosamente) y se sometiera a una serie de quimioterapias que le haría descubrir el peso de la enfermedad (de la cercanía con la muerte) y se pusiera a escribir Morir más de una vez.
Dividida en cuatro partes, esta novela gira en torno de yo quien narra la vida de ‘Josejuán’ (acentuado debido a su fonética), un albañil mexicano radicado en París que convive con jóvenes agregados culturales y que en una borrachera les relata cómo un día de trabajo cayó de un edificio y murió, pero le fue concedido el milagro de una segunda oportunidad. Este hecho, provocará que Pierlucas anhele filmar una película en donde se muestre este milagro secreto, pero sin prever las consecuencias catastróficas.
También esta novela cuenta la historia de ‘Josefina’, una mujer que está enamorada de ‘Manuel’, pero al sentirse humillada por su indiferencia se refugia en ‘Mathieu’, un francés a quien logra contagiar del amor por México que ella nunca ha sentido. Es este hecho lo que provocará la obsesión de Manuel por enterarse de la vida amorosa de la ahora Joséphine, anhelando que le vaya mal, pues “la felicidad de alguien a quien no supimos hacer feliz tiene mucho de agravio”.
La tercera historia es la de ‘Gabrielle Anghelotti’, una empleada de la embajada de México en París, quien ya entrada a los cincuenta años es una mujer deslumbrante: inteligente, bella y quien además de tener contacto con muchos de los escritores e intelectuales de la primera mitad del siglo XX, fue retratada en el Jardín de Luxemburgo con un cigarro en una mano y con un libro entreabierto en la otra. Esta foto, los recuerdos de Gabrielle, así como un romance casi casto con ‘Alberto’ (uno de los protagonistas o personajes recurrentes del libro) serán un misterio que poco a poco irá descubriendo Manuel.
La última narración es el recuerdo de un amor frustrado y otro que sólo se materializó en largas sesiones sexuales: ‘Saúl’ es un pintor mexicano que vive en Francia. Se enamora de ‘Nadine’ y es capaz de adoptarla junto con su hija regodeta Nadia con tal de tener el equilibrio en su vida que le permita culminar un proyecto pictórico. Sin embargo, una vez que el artista ya no necesita la paz que le otorgan estas mujeres, las abandona y vuelve a México. Años después, viaja a París donde se reencuentra con Nadia, ahora ya una mujer, y la utiliza con tal de disfrutar en ese cuerpo joven lo que dejó de vivir con el de la madre vieja.
Una frase podría describir este libro. La dice Manuel refiriéndose a la película que filmó Mathieu: “Una película honesta pero poco imaginativa. Una película carente de toda audacia formal. La película de un turista bienintencionado, curioso, dueño de un conocimiento aceptable de las técnicas elementales de filmación y edición”. Podría describir el libro, pero tal vez no, sobre todo si se recuerdan las historias de Gabrielle y Nadia, que resaltan sobre el resto y recrean y regalan a dos mujeres de quienes cualquier hombre quisiera enamorarse, o con quienes, al menos, desearía despertar una mañana en París.
Uribe, Álvaro. Morir más de una vez. Tusquets. 2011.












