Formas de volver a casa, de Alejandro Zambra

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Category : narrativa chilena

Después de publicar en Anagrama y gracias a la distribución que esta editorial le dio a sus libros, Alejandro Zambra es uno de los jóvenes escritores chilenos más conocidos.
Ha sido seleccionado por algunas de las revistas especializadas como uno de los narradores a quien se debe leer (Granta en español, entre ellas) o en antologías como El futuro no es nuestro (2011), en su edición mexicana.
Hace unos meses presentó en nuestro país Formas de volver a casa, libro que nos da pie para introducirnos a la nueva narrativa chilena, misma que estaremos revisando, mes con mes.


Por José Luis Enciso

 

Las novelas que mejor se leen suelen ser aquellas cuya sencillez aparente oculta su complejidad real. Formas de volver a casa, de Alejandro Zambra es de esas. El narrador hace un recorrido por su infancia con ojos adultos. Así inicia su historia, del pasado al presente, del recuerdo a la vida actual.

La obra pasa revista a los escenarios que un treintañero de hoy puede recordar del Chile de la década de los 80, con Pinochet a la cabeza del gobierno, el temor a las desapariciones, la gente que se ocultaba. Pero tiene un agregado: contada en 2006, la vuelta al barrio está cargada de remembranza, sí, pero también de una sutil confrontación donde mucho de lo que fueron y son los padres del protagonista se torna cuestionamiento.

El chico que fue quien narra nunca vio a sus viejos con esa imagen de gigantes invencibles que la retórica popular imputa, con candor, a los progenitores. Por el contrario, sintió que los suyos se extraviaron en algún momento, aun cuando haya estado junto a ellos hasta los 20 años. En ese hecho se cuela una violencia distinta a la que otras revisiones de la época de la dictadura exaltan: las torturas, los asesinatos. “No puedo evitar preguntarle a mi padre si en esos años era pinochetista”, expresa el personaje central. Así, la violencia descarnada cede su sitio a otra, más encubierta e igualmente brutal. Un par de chicos se enfrentan a ella sin saber exactamente que lo es. Los pequeños se darán cuenta de ello años después, descifrarán algunos significados al revisar la suerte de su respectiva familia a partir de aquella época.

El periplo de la historia comienza con el terremoto de marzo de 1985 y termina en el de 2006, ambos, desastrosos para Chile. El niño protagonista crece y se hace escritor. Recuerda cuando su amiguita Claudia lo mandaba a espiar a un hombre que, según ella, era su tío Raúl. El chico lo hace y en su inocencia va descubriendo sus propios límites: cuánto es capaz de alejarse de casa, su capacidad para mentir, en fin, todo aquello que puede asombrar de sí mismo a un niño.
Años después tendrá la oportunidad de reencontrarse con esa amiga —poco mayor que él— y estrecharán su cercanía más que por amistad por una necesidad de hallar consuelo. Ahí se desvelarán claves de sus destinos, esas formas de volver al hogar aludidas por el título del libro y que darán pie a uno de los mejores diálogos de la novela, entre el narrador y su padre:

Es una historia enredada pero muy buena, dice mi papá, después de un silencio no tan largo.

¿Me estás hueviando? ¿Una buena historia? Es una historia dolorosa.

Es una historia dolorosa, pero ya pasó. Claudia está viva. Sus padres están vivos.

Sus padres están muertos, digo.

¿Los mató la dictadura?

No (…)

Pobrecita Claudia, dice mi mamá.

Pero no murieron por razones políticas, dice mi padre.

Pero están muertos.

Pero tú estás vivo, dice él. Y apuesto que vas a contar esa historia tan buena en un libro.

No voy a escribir un libro sobre ellos. Voy a escribir un libro sobre ustedes, le digo, con una sonrisa extraña.

La novela es breve, muy al estilo de Zambra, con economía de letras —Bonsái (2006)— y la literatura como presencia ineludible —La vida privada de los árboles (2007)—. En Formas de volver… hallamos un supuesto ejercicio de memoria y de escritura. Escribo “supuesto” porque el autor más que recordar hace una provocación, ¿política?, ¿sentimental?, ¿literaria? Digamos que es una provocación tres en uno, sin nostalgia de más ni otros excesos. La manera en que Zambra ajusta cuentas con el pasado y a partir de ello, cuestiona permanente el presente es lo mejor de este libro.

Zambra, Alejandro. Formas de volver a casa. Anagrama, 2011.

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[...] El chico que fue quien narra nunca vio a sus viejos con esa imagen de gigantes invencibles que la retórica popular imputa, con candor, a los progenitores. Por el contrario, sintió que los suyos se extraviaron en algún momento, aun cuando haya estado junto a ellos hasta los 20 años. En ese hecho se cuela una violencia distinta a la que otras revisiones de la época de la dictadura exaltan: las torturas, los asesinatos. “No puedo evitar preguntarle a mi padre si en esos años era pinochetista”, expresa el personaje central. Así, la violencia descarnada cede su sitio a otra, más encubierta e igualmente brutal. Un par de chicos se enfrentan a ella sin saber exactamente que lo es. Los pequeños se darán cuenta de ello años después, descifrarán algunos significados al revisar la suerte de su respectiva familia a partir de aquella época [seguir leyendo] [...]

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