Cuentos de atar, de Paco Pacheco
Category : Reseñas
La experimentación es un riesgo en la literatura. Algunos intentos logran convertirse en grandes libros más por su totalidad (trama, personajes, narrador) que por el hecho mismo de innovar. Además, esta responsabilidad parece recaer en los jóvenes autores, quienes intentan renovar a fin de distinguirse de las tradiciones. Sin embargo, Paco Pacheco (Guanajuato, 1955) muestra que no hay edad para arriesgarse al escribir.
Cuentos de atar es un pequeño libro lleno de humor y de metaliteratura (quizá el mayor reto del volumen). Las burlas y sátiras que hace del texto mismo, así como del narrador, pasan de ser meros recursos técnicos y al finalizar el libro se puede vislumbrar una intención artística. Por ejemplo, en “Consecuencias de un ángel” confluyen el discurso del narrador, luego el del personaje (el ángel), después la confrontación de ambos y por último el de un dios literario que es Paco Pacheco, pero no en su función de narrador sino de autor, quien llega a poner fin a una discusión. De ahí que resulte oportuna la sentencia del ser divino: “Yo les digo a los personajes: cuídense de los autores noveles; son como peste…”.
Hay, además, cuentos tan breves como “Nadie” que propician la reflexión del lector debido a la filosofía que se esconde en esa aparente simplicidad: “Aparte del de la palabra, el personaje este precisaba un espejo. Eso fui yo, y puedo asegurarles que siempre que afirmó haberse visto en mí, no reflejé a nadie, nada…”.
El humor negro, la sátira, también están presentes en estos cuentos. Así, en “¿W?”, el autor lleva al máximo el juego escritural, tipográfico y metaliterario: “W… ¿Y quién era w antes de que lo hiciéramos aparecer aquí? […] vayamos por partes: antes de ser W, W fue w. ¿Es ésta alguna forma de afirmar que W fue minúsculo? […] ¿Cuál fue la esforzada acción para que w pasara a W? Sé lo mismo que todos, por lo que suplico que quien lea este relato se limite a disfrutarlo, pues en el mundo que construyo lenta y penosamente –el mismo que usted, lector, recorre con rapidez pasmosa- no se precisan acciones esforzadas para que alguien sea magnificado” (quizá habría que leer este cuento al parejo de los que años después plasmaría Carlos Velázquez en La biblia vaquera).
Por su parte, en “El nigarro y el ciño”, Pacheco retoma la intención del glíglico cortazariano o la masmédula girondiana y consigue que el efecto sonoro de las palabras, la reconstrucción mental de éstas por parte del lector, den forma a esta historia de un cigarro y un niño: “mujersos de cuerfectos perpos que en el último momento volteaban sus caras bubiertas de cerrugas, sus leporbios larinos, sus bontadas desdencas congeladas”.
De esta forma, Pacheco entrega un libro de cuentos que exige la complicidad del lector, así como la ligereza para no considerar esta metaliteratura algo digno sólo de especialistas. Hay, también un afán lúdico que busca compartir la burla de todos quienes participan en el proceso de leer: lector, autor, narrador, personajes. Es además, un cuentario vanguardista que ya presagiaba lo que durante estos primeros años del siglo XXI habría de innovar cierta narrativa joven mexicana.
Pacheco, Paco. Cuentos de atar. Instituto Mexiquense de Cultura, 2001.












