Cosmonauta, de Daniel Espartaco Sánchez

Category : Reseñas


Por Sergio Loo

Desde hace tiempo he pensado que habría que enjaular a Daniel Espartaco. Tenerlo bajo vigilancia las 24 horas y alimentarlo bajo una estricta dieta macrobiótica. Razones: muchas, pero a continuación algunas de las no personales:
Daniel Espartaco, su narrativa, es un avis rara: pertenece a la generación que, más que hacer una propuesta, ha tenido que hacer una respuesta a la literatura “del norte”, a la “narcoliteratura”, a la “literatura basura”; y al mismo tiempo cumplir con esa cuota de “realismo” y crítica social que se les exige a los narradores “serios”.
Los poetas pueden ser etéreos, los dramaturgos experimentales y existencialistas, los narradores de género fantástico pueden hablar de tantos dragones con tantas cabezas como les venga en gana, pero un narrador realista, no. Es así que, en un contexto nacional que parece exigir hablar de violencia, Daniel Espartaco, en Cosmonauta, se escabulle a la niñez. Pero en su caso, la niñez es sinónimo de guerra fría, comunismo, libros de Kant, Lenin; misiones guerrilleras, el México antes del TLC, literatura rusa.
Ya en El error del milenio (Universidad de Guanajuato, 2006.) había hablado de una generación, la anterior a la suya; de la decepción de los ideales comunistas, mediante una prosa muy cuidada (las horrrrrrrendas erratas en esa edición no son culpa del autor, se nota, sino del anticorrector de estilo que juntó los “por qué” y separó los “porque”, entre otras linduras) y una descripción del entorno que, en vez de ser molesta e innecesaria como en la mayoría de los autores posteriores a la novela del XIX, en su caso son parte importante de la trama. Son la trama ¿Aparte de él quién más está abordando este tema? Es una especie, al parecer, única: hay que enjaularlo.
La hechura de su narrativa ha pasado por varios tamices de reflexión, entre ellos, el de género. Llama la atención, en una narrativa que no es hecha por una mujer ni se enmarca como literatura queer, la representación del cuerpo masculino. En una narrativa heteronormativa, comúnmente, los personajes masculinos quedan más o menos desdibujados, arquetípicos: llevan o no camisa y corbata, son fuertes, pertenecen a alguna raza sólo en casos necesarios para la historia. Tienen la verga enorme o sólo gigante. A las que se les describe a detalle son a las féminas: el objeto del deseo, la dama en apuros, la femme fatal, la santa. No al hombre.
No quiero hacer digresiones innecesarias. Pero parece que la vulnerabilidad del cuerpo del narrador se refleja en acciones y en su percepción del mundo. Van aquí dos breves ejemplos: “Creo que es hora de que yo compre mi ropa interior –le dije a julia. Era buen momento para emanciparme” o “entonces ella me dice que tengo cuerpo de niña, que tengo caderas de mujer.”
A diferencia de la narrativa tipo Bukowski y su legión de imitadores, donde el cuerpo, aún asquerosamente mal cuidado, tiene actitud, en Cosmonauta el cuerpo del narrador, a veces joven, a veces adolescente, sólo en una ocasión es mujer, queda expuesto a juicios. Es vulnerable y desde ahí parte.
Otro dato con respecto al tema del cuerpo: el narrador sabe que las personas –o las personalidades, son construcciones sociales: “Comencé a sospechar que mi madre no era como las mujeres que uno podía observar en las casas vecinas. Aquellas mujeres, vestidas con pantalones de poliéster, parecían más viejas que el ejemplar de mi casa, enfundado en mezclilla. Ellas usaban el cabello corto, no la cabellera castaña y lacia que caía sobre los hombros de mi madre”, de ahí que la construcción narrativa no cae en una edulcorada nostalgia de la niñez, sino en una reconstrucción sociológica/cultural/económica/ideológica del pasado.
Es el pasado, el entorno y no las acciones lo que importan en estos textos. Por ello, quizá, sus finales anti-climáticos, sus pocos momentos de exaltación. Vaya, no hay sangre ni descabezados. El mayordomo no es el asesino y nadie muere ahorcado. De hecho, parece haber cierto desdén en ese tipo de conclusiones.
Conclusiones, teóricas o narrativas, de hecho, no las hay. El narrador parece escéptico. O seguro de haber dado durante el texto lo suficiente como para no tener que salir con un final “inesperado”.
No lo que se cuenta sino cómo se narra. No la historia sino el entorno. Sin lloriqueos, estos cuentos (re)construyen un pasado perdido. Quizá falso. Tan falso como aquel video donde el astronauta (el cosmonauta es su versión socialista) Neil Amstrong, en 21 de julio de 1969.
Daniel Espartaco Sánchez, como un cosmonauta, aterriza ante nosotros con esta segunda publicación. Insisto: habría que enjaularlo.

Sánchez, Daniel Espartaco. Cosmonauta. Fondo Editorial Tierra Adentro, México, 2011.

Post a comment